Entre desigualdades educativas y trayectorias escolares  
en Bolivia: creencias atribuidas al Bono Juancito Pinto y a la  
Alimentación Complementaria Escolar (2006-2019)  
Educational inequalities and school trajectories in Bolivia:  
beliefs attributed to the Juancito Pinto Bonus and School Complementary  
Feeding (2006-2019)  
1
Marcelo Arancibia Guzmán  
Resumen  
El artículo analiza las creencias que el Estado atribuye al Bono Juancito Pinto (BJP)  
y a la Alimentación Complementaria Escolar (ACE) en relación con su propósito de  
reducir las desigualdades sociales y educativas, y examina su relación con las trayectorias  
escolares del nivel secundario en Bolivia durante el período 2006-2019. Para lograr  
esto, se adoptó un enfoque cualitativo e interpretativo de investigación, articulado con  
evidencia cuantitativa secundaria. Se realizó entrevistas a responsables institucionales y  
grupos focales con 52 estudiantes que concluyeron sus trayectorias escolares en nivel  
secundario, agrupados en cuatro cohortes consecutivas organizadas en períodos del  
2012 al 2020del municipio de Cochabamba y que se encontraban cursando estudios  
universitarios. Los testimonios se triangularon con análisis estadísticos del Ministerio de  
Educación e Instituto Nacional de Estadística (INE).  
Los resultados revelan que las creencias atribuidas a ambas políticas —el BJP y la  
ACE— responden a dos lógicas: la reducción de la pobreza y las desigualdades sociales, y  
el sostenimiento de las trayectorias escolares de estudiantes de nivel secundario. Asimismo,  
se analiza cómo el BJP perdió aproximadamente el 50 % de su valor real entre 2006 y  
2019, mientras la ACE registró contracción presupuestaria progresiva en Cochabamba.  
En las trayectorias estudiadas, solo una minoría reconoce una relación directa entre estas  
políticas y su permanencia y culminación escolar. De esta manera, se concluye que estas  
políticas funcionan como dispositivos de acompañamiento institucional y simbólico de  
la escolaridad más que como instrumentos redistributivos; su efectividad depende de  
mediaciones familiares, territoriales y pedagógicas que tensionan con el discurso oficial.  
Palabras clave  
Política educativa; desigualdad social; transferencia monetaria condicionada;  
trayectoria escolar; educación secundaria; protección social; Bolivia.  
1 Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba – Bolivia y  
candidato a doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de La Plata – Argentina.  
-79-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
Abstract  
is article analyzes the beliefs that the State attributes to the Juancito Pinto Bonus  
(JPB) and School Complementary Feeding (ACE, by its Spanish acronym) in relation to  
their purpose of reducing social and educational inequalities, and examines its relationship  
with secondary level school trajectories in Bolivia during the period from 2006-2019. To  
achieve this, a qualitative and interpretive research approach was adopted, articulated with  
secondary quantitative evidence. Interviews were conducted with institutional officials and  
focus groups with 52 students who completed their secondary level school trajectories,  
organized into four consecutive cohorts —organized in periods from 2012 to 2020—  
from the municipality of Cochabamba and who were enrolled in university studies. e  
testimonies were triangulated with statistical analyses from the Ministry of Education and  
the National Institute of Statistics (INE, by its Spanish acronym).  
e results reveal that the beliefs attributed to both policies —the BJP and the ACE—  
respond to two logics: the reduction of poverty and social inequalities, and the sustenance  
of the educational trajectories of secondary school students. It is further analyzed that the  
JPB lost approximately 50 % of its real value between 2006 and 2019, while the ACE  
registered progressive budgetary contraction in Cochabamba. In the trajectories studied,  
only a minority recognize a direct relationship between these policies and their school  
permenence and completion. us, it is concluded that these policies function as devices  
of institutional and symbolic accompaniment to schooling rather than as redistributive  
instruments; their effectiveness depends on family, territorial, and pedagogical mediations  
that create tension with official discourse.  
Keywords  
Educational policy; social inequality; conditional cash transfer; school trajectory;  
secondary education; social protection; Bolivia.  
1. Introducción  
El análisis de las políticas compensatorias en educación ha ocupado un lugar central en  
los debates latinoamericanos sobre desigualdad y protección social durante las últimas dos  
décadas. En el caso boliviano, el período 2006-2019 estuvo marcado por la implementación  
de un proyecto político autodenominado posneoliberal que colocó a la redistribución de  
ingresos, al reconocimiento de la plurinacionalidad y a la ampliación de derechos sociales  
como ejes de la acción estatal. En ese marco, el BJP, creado en 2006 como Transferencia  
Monetaria Condicionada (TMC), y la ACE, consolidada como política en especie desde  
la década de 1990, se constituyeron en los dos principales dispositivos compensatorios  
orientados a sostener las trayectorias escolares de los estudiantes —el artículo se enfoca  
en el nivel secundario—.  
La literatura especializada ha valorado las TMC como instrumentos relevantes  
para reducir la pobreza inmediata y para incrementar la matrícula y la asistencia escolar  
(Fiszbein y Schady, 2009; Villatoro, 2005; Stampini et al., 2023). Sin embargo, persisten  
-80-  
Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
debates sobre su capacidad para incidir en las desigualdades estructurales, en particular las  
educativas, y sobre las mediaciones que definen su relación con el nivel secundario, tramo  
en el que las trayectorias escolares se vuelven más vulnerables al rezago, la repitencia y el  
abandono (Benza y Kessler, 2021; Di Piero, 2025). De esta forma, esta investigación se sitúa  
en las tensiones entre las creencias institucionales que atribuyen a estas políticas una función  
redistributiva y transformadora relacionada con las desigualdades, y la vivencia cotidiana  
de los estudiantes, en cuyas trayectorias estas creencias se resignifican y se relativizan.  
En este escenario, el objetivo de este artículo consiste en analizar las creencias  
atribuidas al BJP y a la ACE en dos planos complementarios: su relación, por un lado,  
con la reducción de las desigualdades sociales y educativas, y, por otro, con las trayectorias  
escolares en el nivel secundario, tomando como referencia el municipio de Cochabamba.  
La idea fuerza de esta investigación sostiene que, aun cuando ambas políticas se caracterizan  
por una cobertura casi universal durante el período estudiado, su eficacia redistributiva se  
erosionó progresivamente y su relación sobre las trayectorias escolares —de secundaria—  
se desplazó desde un rol de incentivo material hacia una función de acompañamiento  
institucional y simbólico de la escolaridad.  
2. Metodología  
El estudio se sitúa en los debates contemporáneos sobre desigualdades múltiples  
(Dubet, 2023) y sobre la distinción analítica entre desigualdades sociales y educativas  
(Di Piero, 2025), reposicionando las políticas compensatorias más allá del paradigma  
asistencial clásico. Por ello, se inscribe en un enfoque cuantitativo descriptivo y cualitativo  
interpretativo, que concibe la investigación educativa como una práctica situada orientada  
a reconstruir los sentidos que los actores atribuyen a las políticas públicas. Desde esta  
perspectiva, las políticas no se analizan únicamente como textos normativos o como  
dispositivos técnicos, sino como configuraciones discursivas y materiales cuya efectividad  
se define en relación con la dimensión institucional y las prácticas cotidianas de sus  
destinatarios.  
El diseño metodológico adoptado es mixto, con un componente cuantitativo  
secundario de carácter contextual. El componente cualitativo se apoyó en entrevistas a  
tres informantes clave —Técnico distrital de Cercado I de Cochabamba encargado del  
seguimiento al BJP (entrevista realizada el 18 de diciembre de 2025), Profesional I de la  
División de Alimentación Complementaria Escolar del Gobierno Autónomo Municipal  
de Cochabamba (entrevista realizada el 13 de enero de 2026), y un exviceministro de  
Educación Superior (entrevista realizada el 20 de diciembre de 2024)— y en cuatro grupos  
focales con 52 estudiantes egresados del nivel secundario correspondientes a las cohortes  
2012-2017, 2013-2018, 2014-2019 y 2015-2020, con 13 participantes por cohorte.  
La selección privilegió la diversidad institucional (unidades educativas fiscales urbanas y  
rurales, así como de convenio) y territorial dentro del municipio de Cochabamba.  
A partir del componente cuantitativo se construyeron series estadísticas con datos del  
Ministerio de Educación del Estado Plurinacional de Bolivia, del INE y de documentos  
de trabajo del Banco Interamericano de Desarrollo (Stampini et al., 2023). Estas fuentes  
permitieron reconstruir la evolución del valor real del BJP, del costo por estudiante de  
-81-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
la ACE, del salario mínimo nacional, del Índice de Gini y de los indicadores de pobreza  
entre 2006 y 2019.  
El análisis se realizó mediante procedimientos de codificación temática abierta y axial,  
organizados en torno a dos categorías centrales —creencias atribuidas sobre desigualdades  
sociales y creencias atribuidas sobre trayectorias escolares— que fueron trianguladas con  
los datos cuantitativos. Se utilizaron tablas y diagramas de Sankey para visualizar los flujos  
de percepción, usos declarados del bono y asociaciones con la trayectoria educativa.  
3. Resultados  
3.1. Creencias atributivas respecto a la reducción de las desigualdades sociales  
Una primera constelación de creencias que se les atribuyen al BJP y a la ACE es el  
significativo rol que se les asigna para la reducción de la pobreza y de la desigualdad de  
ingresos. Esta creencia es coherente con los planteamientos de Stampini, et al. (2023),  
quienes estiman que los cambios en los programas de transferencias monetarias no  
contributivas explican alrededor del 20 % de la reducción de la pobreza y la desigualdad  
observada entre 2000 y 2010 en América Latina y el Caribe. El Ministerio de Economía  
y Finanzas Públicas (2013, 2019) asume esta creencia al atribuir a las transferencias un  
papel central en la reducción del Índice de Gini desde 0,60 en 2005 hasta 0,46 en 2017.  
Tabla 1. Pobreza y desigualdad antes y después de las transferencias monetarias no  
contributivas en Bolivia (2019)  
Indicador  
Recuento de pobreza  
(%)  
Antes de las transferencias  
Después de las transferencias  
19,6  
22,0  
Brecha de pobreza (%)  
Índice de Gini  
10,0  
43,6  
8,1  
42,5  
Nota: La tabla presenta la comparación de tres indicadores distributivos antes  
y
después de la aplicación de las transferencias monetarias no contributivas.  
Fuente: Elaboración propia a partir de Stampini, et al. (2023).  
Al comparar los escenarios antes y después de las transferencias monetarias no  
contributivas hacia 2019, el recuento de pobreza se reduce 2,4 puntos, la brecha de  
pobreza desciende 1,9 puntos y el Índice de Gini cae 1,1 puntos. La magnitud del efecto  
redistributivo, si bien es estadísticamente observable, resulta acotada frente al peso de  
otros factores estructurales.  
Como se muestra en la Tabla 2, durante el período 2006-2019 el país registra una  
reducción sostenida de la desigualdad del ingreso, con un Índice de Gini que desciende de  
0,59 % a 0,42 %, y una incidencia de pobreza que pasa de cerca del 60 % a 37,2 % en 2018.  
No obstante, en Cochabamba la incidencia departamental se mantiene sistemáticamente  
-82-  
Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
por encima del promedio nacional en varios años, con repuntes en 2016 y 2019, lo que  
evidencia que la mejora agregada no se traduce de manera homogénea en el plano nacional.  
Tabla 2. Bolivia y Cochabamba: Incidencia de pobreza (FGT₀) e Índice de Gini (2006-2019)  
Año Índice de Gini Incidencia de pobre-  
Incidencia de pobreza (FGT0)  
Cochabamba (%)  
(Bolivia)  
0,5918  
za (FGT0) Bolivia (%)  
2006  
2007  
2008  
2009  
2010  
2011  
2012  
2013  
2014  
2015  
2016  
2017  
2018  
2019  
59,9  
60,1  
57,3  
51,3  
0,5644  
0,5174  
0,5020  
0,4662  
0,4709  
0,4784  
0,4767  
0,4647  
0,4635  
0,4561  
0,4325  
0,4245  
45,1  
43,3  
38,9  
39,1  
43,0  
43,0  
42,2  
39,9  
37,2  
43,4  
46,6  
41,1  
41,9  
41,9  
48,1  
45,9  
39,1  
41,0  
Nota: La incidencia de pobreza (FGT₀) expresa el porcentaje de personas cuyo ingreso per cápita  
se sitúa por debajo de la línea de pobreza, según la metodología propuesta por Foster, Greer  
y orbecke. El Índice de Gini, por su parte, mide el grado de desigualdad en la distribución  
del ingreso per cápita, de modo que valores más cercanos a cero indican una mayor igualdad  
distributiva. En la tabla, el símbolo (—) señala que no se dispone de información para ese año y  
nivel de desagregación, ya sea por ausencia de encuesta o porque no se publicó una estimación  
correspondiente. Debe considerarse que los datos nacionales (Bolivia) y los datos departamentales  
(Cochabamba) provienen de series estadísticas distintas y, por ello, se presentan de manera  
paralela, sin que ello implique agregación ni comparabilidad directa en términos metodológicos.  
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística ([s. f.]  
a), referidos a indicadores de pobreza e Índice de Gini, provenientes de encuestas de hogares,  
correspondientes a los períodos 2005-2018 y 2016-2024.  
En esta línea, el siguiente testimonio introduce una tensión clave entre el efecto  
agregado de las transferencias y la persistencia de las desigualdades:  
No es muy difícil negar el impacto directo que ha tenido el bono sobre la matriculación y la  
permanencia de los estudiantes. El problema es enfrentar las desigualdades, porque estas se  
reproducen en la forma misma en que los conocimientos son adquiridos y en cómo sirven  
para sortear las diferencias sociales. La educación es un asunto obligatorio, no natural. Los  
-83-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
Estados tienen que ser robustos para garantizarla. En Bolivia hay lugares donde el Estado  
2
no tiene suficiente presencia, y ahí el bono puede ayudar frente a esa gran ausencia.  
Este punto constituye la tensión analítica más relevante del período. Entre 2006 y  
2019, el salario mínimo nacional creció un 324 %, mientras el monto nominal del BJP  
permaneció invariable en Bs. 200 anuales. La inflación acumulada del 73,37 % erosionó  
el valor real del bono hasta reducirlo a Bs. 98,49 (2019) en precios de 2006. En términos  
relativos, el bono pasó de representar el 3,20 % del salario mínimo anual en 2006 al 0,39  
% en 2019.  
Tabla 3. Bolivia (2006-2019). Inflación, salario mínimo anual y evolución real del BJP  
Año Inflación Salario mínimo Salario mínimo BJP nominal BJP real  
BJP real  
como % del  
SMN anual  
anual (%)  
mensual (Bs.)  
anual (Bs.)  
anual (Bs.)  
(Bs. de  
2006)  
2006  
2007  
2008  
2009  
2010  
2011  
2012  
2013  
2014  
2015  
2016  
2017  
2018  
2019  
4,28  
8,71  
14,01  
3,35  
2,50  
9,88  
4,52  
5,74  
5,77  
4,06  
3,62  
2,82  
2,27  
1,84  
500,00  
525,00  
6.000,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
200,00  
191,78  
176,40  
154,70  
149,65  
146,01  
132,92  
127,18  
120,28  
113,71  
109,27  
105,44  
102,55  
100,28  
98,49  
3,20  
2,80  
2,23  
1,93  
1,79  
1,36  
1,06  
0,83  
0,66  
0,55  
0,49  
0,43  
0,41  
0,39  
6.300,00  
6.930,00  
7.764,00  
8.154,00  
9.784,80  
12.000,00  
14.400,00  
17.280,00  
19.872,00  
21.660,00  
24.000,00  
24.720,00  
25.464,00  
577,50  
647,00  
679,50  
815,40  
1.000,00  
1.200,00  
1.440,00  
1.656,00  
1.805,00  
2.000,00  
2.060,00  
2.122,00  
Nota: La inflación anual corresponde a la variación porcentual del Índice de Precios  
al Consumidor (IPC). El salario mínimo anual se obtiene a partir del salario mínimo  
mensual multiplicado por 12. El BJP se considera como una transferencia anual, entregada  
una sola vez al finalizar la gestión escolar, por un monto nominal constante de 200 Bs.  
durante todo el período analizado. El valor real del BJP se calcula desglosando del monto  
nominal anual mediante el IPC, con base en precios de 2006. Dado el carácter anual  
del bono, su peso relativo se expresa como porcentaje del salario mínimo anual, lo que  
permite evaluar su incidencia efectiva sobre el ingreso anual de referencia de los hogares.  
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Fondo Monetario Internacional (s. f.) y  
del Instituto Nacional de Estadística ([s. f.]c).  
2 Entrevista a exministro de Educación Superior, 20 de diciembre de 2024.  
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Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
El momento del pago del bono se ha articulado institucionalmente con el final  
del calendario escolar, lo que refuerza su función ex post como reconocimiento de la  
permanencia escolar. El siguiente testimonio explica la racionalidad operativa que sostiene  
esta decisión:  
El pago se realiza generalmente hacia finales de noviembre; la condición es que el estudiante  
permanezca hasta el segundo trimestre o casi la finalización de la gestión. Esto incentiva  
(a) que no abandonen antes de concluir el año escolar. En el área rural, en algunos casos,  
se registraba que estudiantes asistían hasta el momento del cobro y luego se retiraban para  
3
trabajar. Por eso el momento del pago se vincula con la permanencia.  
Un comportamiento análogo al del BJP se observa en la ACE. Entre 2007 y 2012,  
el valor real por estudiante en el área urbana descendió de Bs. 207,9 a Bs. 150, mientras  
en la rural disminuyó de Bs. 145,2 a Bs. 104,7. La proporción respecto al salario mínimo  
anual cayó del 3,3 % al 1,25 % en el área urbana, y de 2,30 % a 0,87 % en la rural.  
Tabla 4. Evolución del costo anual de la ACE por niño y su relación con el salario mínimo  
en Bolivia (2007-2012)  
Año In-  
Salario  
Salario  
Costo  
anual  
ACE  
Costo Costo  
anual ACE  
Costo  
ACE  
ACE  
ACE  
rural  
como  
% del  
SM  
flación mínimo mínimo  
urbano  
como %  
del SM  
anual  
(%)  
mensual anual  
(Bs.) (Bs.)  
ACE  
urbano rural  
urbano rural real  
(Bs.) (Bs.)  
real  
(Bs. de (Bs. de anual  
2007) 2007)  
207,9 145,2  
anual  
2007  
2008  
2009  
2010  
2011  
2012  
8,71  
525,00  
6.300,00  
207,9 145,2  
207,9 145,2  
207,9 145,2  
207,9 145,2  
207,9 145,2  
207,9 145,2  
3,30  
2,63  
2,27  
2,11  
1,60  
1,25  
2,30  
14,01  
3,35  
2,50  
9,88  
577,50  
647,00  
679,50  
815,40  
6.930,00  
7.764,00  
8.154,00  
9.784,80  
182,4  
176,6  
172,3  
156,8  
150,0  
127,2  
123,2  
120,2  
109,4  
104,7  
1,83  
1,59  
1,47  
1,12  
0,87  
4,52 1.000,00 12.000,00  
Nota: El cuadro presenta la evolución del costo anual de la ACE por niño en los ámbitos urbano  
y rural, expresado en valores nominales y reales, y su relación con el salario mínimo anual en  
Bolivia entre 2007 y 2012. El costo anual de la ACE se estimó a partir de 200 días efectivos  
de prestación del servicio, utilizando los costos diarios promedio reportados para 2008, que se  
mantienen constantes en términos nominales a lo largo del período. Los valores reales fueron  
calculados deflactando los costos nominales mediante la inflación anual acumulada, tomando  
2007 como año base. La relación entre el costo de la ACE y el salario mínimo anual permite  
aproximar la intensidad económica del beneficio como proporción del ingreso laboral mínimo.  
Fuente: Elaboración propia en base a Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (2008),  
INE ([s. f.]b) y Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social, Decretos Supremos de salario  
mínimo nacional (gestiones 2007-2012).  
3 Entrevista a Técnico Distrital de Cercado I de Cochabamba, 18 de diciembre de 2025.  
-85-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
En Cochabamba, el presupuesto departamental de la ACE —tras una expansión  
sostenida entre 2006 y 2011, cuando casi se triplicó— ingresó en una fase de contracción  
asociada al recorte del Impuesto Directo a los Hidrocarburos, descendiendo de  
aproximadamente Bs. 85 millones a cerca de Bs. 73 millones hacia 2019, como detalla  
la Tabla 5. El propio responsable municipal reconoce la insuficiencia estructural del  
presupuesto:  
Necesitaríamos un presupuesto mucho mayor. Nosotros trabajamos con un presupuesto  
aproximado de 60 millones de bolivianos al año, que normalmente no es suficiente para  
4
mejorar el impacto.  
Estos elementos permiten sostener que la creencia atributiva a ambas políticas de  
subvención respecto a la reducción de desigualdades sociales encuentre algún sustento en  
el efecto redistributivo agregado de las transferencias, que operan sobre una base material  
progresivamente debilitada. La evidencia cuantitativa muestra una asimetría creciente entre  
la expansión de la política salarial y la invariancia nominal de las transferencias educativas,  
y convierte al BJP y a la ACE en dispositivos de amortiguación más que en instrumentos  
de transformación estructural.  
3.2. Creencias atributivas respecto a las desigualdades educativas y las trayectorias  
escolares  
Una segunda constelación de creencias atribuye al BJP y a la ACE la capacidad de  
sostener las trayectorias escolares, especialmente en el nivel secundario. Esta creencia  
aparece con nitidez en los relatos institucionales, como el que se cita a continuación, donde  
se la enuncia con claridad al describir la trayectoria operativa y los efectos percibidos del  
bono sobre la permanencia:  
Elbonofuecreadoconlaintencióndereducirladeserciónescolar. Desdesuimplementación  
en 2006 se ha observado que contribuye principalmente a la permanencia de los estudiantes  
en el sistema educativo. Se ha visto que ha dado resultados, especialmente en primaria.  
Con el paso del tiempo se evidenció que ayudaba a sostener la matrícula y disminuir la  
deserción. No obstante, existen factores externos que inciden, como la migración del área  
5
rural hacia zonas urbanas, lo que afecta los registros de matrícula en algunos municipios.  
En la misma dirección, la ampliación progresiva de la cobertura al nivel secundario se  
sustentó en evaluaciones distritales y departamentales que replicaban el patrón observado  
en primaria:  
Fueunprocesogradual. Primeroseevidencióelefectopositivoenprimaria, especialmenteen  
términos de permanencia. Luego, a partir de evaluaciones distritales, departamentales y del  
Ministerio (de Educación), se decidió ampliar la cobertura a secundaria, aproximadamente  
4 Entrevista a Profesional I de la División de Alimentación Complementaria Escolar del Gobierno Autónomo  
Municipal de Cochabamba, 13 de enero de 2026.  
5 Entrevista a Técnico Distrital de Cercado I de Cochabamba, 18 de diciembre de 2025.  
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Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
tres años después de su inicio, en función también de la disponibilidad presupuestaria. Se  
6
observó que el efecto de permanencia también se replicaba en secundaria.  
El efecto del bono se inscribe en una lógica más amplia de política integral articulada  
con el ciclo económico del período, según el siguiente relato:  
En la primera etapa del Movimiento Al Socialismo había un gran crecimiento económico  
y eso favorecía muchísimo a que los niños y las niñas pudieran estar en las escuelas; el  
bono remachó esa política integral que generó el aumento de la tasa de matriculación y  
7
permanencia.  
Tabla 5. Trayectoria comparada de la matrícula total y fiscal en Bolivia: expansión moderada  
y predominio del subsistema público (2006-2019)  
Indicador  
Matrícula total nacional  
Matrícula fiscal nacional  
Índice de evolución  
2019 (2006 = 100)  
103,89  
102,43  
Crecimiento acumulado  
2006–2019  
≈ 3,9 %  
100 %  
≈ 2,4 %  
Participación sobre el  
total (2019)  
≈ 88,6 %  
2.507.835  
Matrícula absoluta  
(2006)  
2.792.633  
2.901.316  
Matrícula absoluta  
(2019)  
2.568.832  
Variación interanual  
(2006-2019)  
Entre −2,0 % y 1,23 % (promedio bajo)  
Rasgo dinámico prin-  
cipal  
Crecimiento leve y recupe-  
ración posterior  
Predominio estructural del subsistema  
público  
Nota: La tabla presenta una síntesis comparativa de la evolución de la matrícula total nacional y la  
matrícula fiscal entre 2006 y 2019, tomando 2006 como año base (índice = 100). El crecimiento  
acumulado refleja la variación porcentual del período completo, mientras que la variación  
interanual muestra fluctuaciones moderadas sin expansión sostenida de alta intensidad.  
Fuente: Elaboración propia con base en estadísticas oficiales del Ministerio de Educación del  
Estado Plurinacional de Bolivia (series de matrícula 2006-2019).  
La evidencia empírica sobre matrícula matiza esta creencia. Como se observa en  
la Tabla 5, a nivel nacional la matrícula total pasó de 2.792.633 estudiantes en 2006 a  
2.901.316 en 2019, con un crecimiento acumulado de apenas 3,9 %; la matrícula fiscal  
creció 2,4 %. Pese a la cobertura casi universal de ambas políticas —el BJP y la ACE—, el  
sistema educativo boliviano no experimentó una expansión cuantitativa acelerada durante  
6 Ibid.  
7 Entrevista a exministro de Educación Superior, 20 de diciembre de 2024.  
-87-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
el período, sino un proceso de consolidación interna de trayectorias ya existentes, en el  
marco de la obligatoriedad educativa para el nivel inicial y secundaria ampliada por la  
Ley N.º 070. Según el siguiente testimonio, se advierte que la medición causal estricta  
sigue siendo un desafío:  
Es una limitación estructural del sistema educativo boliviano. No hay manera de negar el  
impacto del bono, pero medir específicamente la causalidad es muy complicado; lo que sí  
se puede encontrar es una red de relaciones que ha permitido que los chicos permanezcan  
8
más en la escuela.  
Tabla 6. Evolución de la matrícula total y de secundaria en Bolivia (2006-2019): crecimiento  
acumulado y dinámica interna del nivel secundario  
Indicador  
Índice de evolución 2019  
(2006 = 100)  
Matrícula total  
Matrícula secundaria  
110,66  
110,66  
≈ 10,7 %  
100 %  
Crecimiento acumulado  
2006-2019  
≈ 10,7 %  
≈ 42,5 %  
Participación sobre el total  
(2019)  
Matrícula absoluta (2006)  
Matrícula absoluta (2019)  
486.458  
538.303  
206.745  
228.779  
Variación interanual  
(2006-2019)  
Entre −0,78 % y 1,48 % (pro-  
medio ≈ 0,8 %)  
Rasgo dinámico principal  
Crecimiento sostenido y gradual Crecimiento estable, sin cam-  
del sistema bios estructurales  
Nota: La tabla sintetiza la evolución de la matrícula total y de la matrícula del nivel  
secundario entre 2006 y 2019, tomando 2006 como año base (índice = 100). El  
crecimiento acumulado del período alcanza aproximadamente 10,7 %, evidenciando una  
expansión sostenida y gradual del sistema. La matrícula secundaria representa alrededor  
del 42,5 % del total en 2019, manteniendo una participación relativamente estable.  
Fuente: Elaboración propia con base en estadísticas oficiales del Ministerio de Educación del  
Estado Plurinacional de Bolivia (series de matrícula 2006-2019).  
Cochabamba experimentó un proceso de fortalecimiento interno de las trayectorias  
escolares más marcado que el promedio nacional (23,4 % de crecimiento acumulado). La  
reconstrucción de las trayectorias de los 52 estudiantes analizados en los grupos focales  
permite profundizar esta lectura.  
8 Ibid.  
-88-  
Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Ilustración 1. Trayectorias escolares en secundaria en el contexto de políticas de subvención  
(BJP y ACE): síntesis visual por cohortes  
Nota: El diagrama sintetiza los flujos de trayectorias escolares de 52 estudiantes correspondientes  
a las cohortes 2012-2017, 2013-2018, 2014-2019 y 2015-2020 (13 estudiantes por cohorte).  
Fuente: Elaboración propia a partir de entrevistas y grupos focales con estudiantes del nivel  
secundario.  
Como sintetiza la Ilustración 1 (basada en el modelo de diagrama de Sankey), 50  
estudiantes egresaron del nivel secundario en el tiempo previsto de 6 años, mientras  
que solo 2 casos presentaron una prolongación de 7 años, lo que refleja trayectorias  
mayoritariamente completas con un margen acotado de prolongación. El análisis por tipo  
de unidad educativa muestra predominio de unidades fiscales urbanas (UF), 26 casos;  
seguidas por rurales fiscales (RF), 19 casos, y de convenio (UC), 7 casos. Esta regularidad  
sugiere que el tipo de establecimiento no resulta determinante para explicar el egreso  
oportuno en esta muestra. El contraste más significativo se produce al indagar las creencias  
atribuidas por los propios estudiantes.  
-89-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
Ilustración 2. Percepción del BJP y su articulación con utilidad, uso y relación con trayectorias  
escolares  
Nota: El diagrama representa los flujos de percepción sobre el BJP (N = 52), articulando  
tres dimensiones analíticas: utilidad percibida, uso declarado y relación con las trayectorias  
educativas (TE) en distintas cohortes (2012-2020). Los valores numéricos indican frecuencia  
absoluta de respuestas. Las categorías sintetizan posiciones diferenciadas: utilidad (U),  
neutral (N) y percepción problemática (P); tipos de uso (GPM, GP, GC, ME); y relación  
con trayectorias educativas (Sí/No). La visualización permite observar concentraciones y  
desplazamientos entre categorías, evidenciando predominio de valoraciones positivas en utilidad  
y uso, pero una débil asociación explícita con la mejora directa de las trayectorias educativas.  
Fuente: Elaboración propia a partir de entrevistas y grupos focales con estudiantes del nivel  
secundario.  
En la Ilustración 2 (basada en el modelo de diagrama de Sankey) es posible visualizar  
los flujos de percepción del BJP en las trayectorias educativas (TE). Los usos declarados  
se distribuyen entre gastos personales (GP), 17 casos; material escolar (ME), 13; canasta  
familiar (GC, gastos para casa), 12, y gastos personales mixtos (GPM), 10, lo que confirma  
que el destino del bono no se orienta exclusivamente a fines escolares. En el testimonio que  
sigue, se describe esta heterogeneidad en los usos, que varían según contextos territoriales:  
Hay distintas experiencias. En el área rural, muchas familias esperan el pago para cubrir  
gastos vinculados a fechas específicas, como Todos los Santos, donde los precios suelen  
elevarse. En otros casos, el dinero se utiliza para compra de materiales escolares o ropa.  
Algunos directores realizan seguimiento informal, solicitando a los padres que demuestren  
la compra de útiles escolares. Sin embargo, el uso del dinero depende en gran medida de  
cada familia. En el área urbana, suele observarse una compra más directa de materiales  
9
escolares, aunque no siempre es posible verificar el destino exacto.  
9 Entrevista a Técnico Distrital de Cercado I de Cochabamba, 18 de diciembre de 2025.  
-90-  
Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Los estudiantes introducen una lectura crítica sobre la suficiencia del monto del bono  
desde la perspectiva de los hogares con mayores restricciones económicas:  
En lo personal, 200 Bs. no ayuda bastante, porque el costo del uniforme completo es de  
180 Bs.; los cuadernos y materiales no cuestan solo 200. En mi caso, yo vengo de una  
10  
familia de escasos recursos, y aunque 200 pueda parecer mucho, en realidad es muy poco.  
Por su parte, los relatos que se citan a continuación evidencian la disociación entre  
la finalidad normativa del bono y su apropiación efectiva por el hogar:  
En cuanto al Bono Juancito Pinto, también se lo ha implementado con una buena  
intención, la de ayudar a las familias, de contribuir a la compra de útiles escolares. Pero  
muchas veces el dinero no se destinaba a eso, (sino que) se usaba en los gastos de los padres,  
11  
fuera de lo que corresponde al gasto de los estudiantes.  
Yo pienso que, para mi familia, no era de tanta ayuda. El bono yo no lo utilizaba para los  
materiales; de hecho, yo no veía ese dinero. Recibí el Bono Juancito Pinto desde primero  
de primaria hasta secundaria, pero nunca lo vi, y siempre me decían que se utilizaba en la  
12  
casa.  
En contraste, el siguiente testimonio ilustra un caso en que la apropiación familiar  
consciente orientó el uso del bono hacia fines escolares específicos:  
En mi caso, cuando cobrábamos nuestro bono, mi hermana y yo éramos conscientes de  
que estaba destinado a nuestro material escolar del siguiente año. Por eso, lo guardábamos  
con esa intención. Al comenzar el nuevo año, nos comprábamos mochilas, algún libro  
o material necesario. No lo usábamos en otras cosas, no; era exclusivamente para útiles  
13  
escolares.  
Otros relatos introducen una crítica hacia el mecanismo universalista de distribución,  
señalando tensiones con el criterio de permanencia efectiva:  
En mi colegio, por ejemplo, había estudiantes que ya no querían estudiar. En la provincia  
de Ayopaya, éramos unos 150 estudiantes en todo el colegio. Por ejemplo, en la prepromo  
y promo, los estudiantes solo venían una vez a la semana, solo para asistir, digamos, para  
registrarse. Al final de cuentas, los estudiantes que no habían asistido regularmente recibían  
el bono. Más bien debería ser, al contrario: no deberían dar el bono a esos estudiantes que  
14  
no han asistido.  
10 Entrevista a L. I., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 19 de diciem-  
bre de 2024.  
11 Entrevista a O. Q., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 19 de di-  
ciembre de 2024.  
12 Entrevista a C. Q., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciem-  
bre de 2024.  
13 Entrevista a G. I., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciem-  
bre de 2024.  
14 Entrevista a F. C., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciem-  
bre de 2024.  
-91-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
Respecto a la ACE, como muestra la Ilustración 2, predominan la valoración como  
beneficio alimentario importante (21 casos) y la percepción de no beneficio significativo  
(14 casos), mientras solo 2 estudiantes asocian directamente la política con su trayectoria.  
Desde la gestión municipal, se reconoce el peso material de la ACE para ciertos hogares,  
al punto de constituir, en algunos casos, el único alimento disponible durante el día:  
De acuerdo con mi experiencia, el desayuno escolar incide en la asistencia y permanencia  
estudiantil. Lamentablemente, por la situación económica que atraviesan muchas familias,  
en algunos casos es el único alimento que tienen durante el día. Aunque sabemos que es  
un complemento, como bien dice su nombre, para muchas familias representa un apoyo  
fundamental. Incluso hay personas que inscriben a sus hijos en las unidades educativas  
con la finalidad de recibir el alimento complementario escolar. De esta manera asisten y  
15  
permanecen en el sistema educativo, también por la economía que tienen.  
Sin embargo, los relatos de los estudiantes visibilizan problemas operativos recurrentes,  
describen desajustes en el horario de distribución y dinámicas comunitarias de apropiación  
en el área rural:  
Referente al desayuno escolar, se lo implementó con una buena intención: la de ayudar  
a los estudiantes. Pero aquí hay un factor importante, que es el horario en el que se lo  
repartía. Muchas veces, se lo hacía casi al salir de clases, a las 11 de la mañana, antes de  
irnos a nuestras casas. Entonces, en el transcurso de la mañana, también teníamos hambre.  
Ese es un factor por el cual no estaba funcionando, y el desayuno escolar nos lo llevábamos  
a nuestras casas. En las comunidades rurales, los mismos padres de familia se ponen de  
acuerdo sobre qué cocinar: lawa de trigo, sopa de maní, api, tojorí (…). Pero eso ya viene de  
parte de la comunidad, ¿no? Muchas veces, el desayuno escolar tarda en llegar; lo recogen  
16  
por semanas, ni siquiera por día, cuando llega a las comunidades alejadas.  
Otros estudiantes ilustran, además, problemas de calidad, caducidad y baja aceptación  
efectiva del alimento:  
A nosotros nos daban el refrigerio en la tarde, después del mediodía. Yo pienso que a  
algunos de mis compañeros sí les ayudaba, porque venían de muy lejos y no almorzaban.  
Lo primero que siempre decían los profesores era: el refrigerio, y recién empezaban las  
clases. Pero el refrigerio que nos daban era el desayuno escolar de la mañana, y a veces ese  
17  
refrigerio ya estaba en mal estado; nos daban en la tarde lo que sobraba de la mañana.  
Donde vivo es una zona apartada y siempre nos daban leche, api, y, la verdad, muchos no  
lo tomaban, lo botaban. El basurero siempre estaba lleno de api. Además, no era constante;  
15 Entrevista a Profesional I de la División de Alimentación Complementaria Escolar del Gobierno Autónomo  
Municipal de Cochabamba, 13 de enero de 2026.  
16 Entrevista a O. Q., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 19 de di-  
ciembre de 2024.  
17 Entrevista a C. Q., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciem-  
bre de 2024.  
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Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
quizá nos lo daban tres veces a la semana, y los envases que nos entregaban, de leche en  
18  
polvo o de api, a veces estaban vencidos.  
Por otro lado, existen testimonios que invitan a analizar la brecha entre la finalidad  
nutricional de la política y su apropiación efectiva por los estudiantes:  
Respondiendo a lo del desayuno, en mi caso, en el colegio donde yo estaba, todos mis  
compañeros, incluso yo, regalábamos el desayuno a otros compañeros. Preguntábamos:  
“¿Quién quiere?”. Cuando daban frutas, las manzanas, por ejemplo, se usaban como  
balones de fútbol: les daban una mordida y luego se ponían a jugar. Los basureros y los  
baños estaban llenos de manzanas. Lo que era fruta, en sí, no solía consumirse. Lo mismo  
19  
sucedía con las barras de cereal: las botaban porque eran muy duras para comer.  
El contraste entre las creencias institucionales y las estudiantiles se vuelve más nítido  
cuando los propios estudiantes niegan que los bonos hayan determinado su continuidad  
escolar. Si bien reconocen la utilidad de ambas políticas como apoyo, se desplaza la  
explicación de la permanencia hacia el mandato familiar:  
Estos dos bonos han sido muy necesarios en el colegio. Por ejemplo, el desayuno escolar  
servía porque algunos estudiantes venían temprano, ya que vivían lejos; entonces, el  
desayuno les caía bien y les ayudaba a prestar atención en las clases. El Bono Juancito Pinto  
20  
ha sido una ayuda para los estudiantes que no tenían recursos, se podría decir.  
Bueno, desde mi experiencia particular, uno no iba a la escuela por el desayuno ni por el  
bono. Nuestros padres siempre nos decían que teníamos que asistir a la escuela, con o sin  
21  
bono, con o sin desayuno.  
Sintetizando esta valoración en términos más directos: “Yo pienso que no, estos bonos  
22  
no influían mucho en el tema educativo” , pero matizando el peso alimentario de la ACE  
para quienes asistían sin haber desayunado a la unidad educativa:  
Ayuda a mucha gente; a mí también me ha ayudado. El desayuno escolar, para muchos  
23  
estudiantes que vienen sin desayunar, ayuda a que pasemos las clases sin hambre.  
18 Entrevista a L. I., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciembre  
de 2024.  
19 Entrevista a L. P., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciembre  
de 2024.  
20 Entrevista a G. I., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 19 de di-  
ciembre de 2024.  
21 Entrevista a L. P., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciembre  
de 2024.  
22 Entrevista a J. T. estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciembre  
de 2024.  
23 Entrevista a F. C., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciembre  
de 2024.  
-93-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
Finalmente, un testimonio condensa la tensión estructural entre el diseño universalista  
de la política y las dinámicas laborales de hogares dependientes del trabajo estacional,  
revelando cómo el bono podía operar como incentivo formal de permanencia sin garantizar  
asistencia efectiva:  
Yo vengo de un lugar donde se fabrican ladrillos, donde los niños y jóvenes, sí, como que  
se mantenían en la escuela hasta octubre. Octubre es cuando nos daban el bono; después  
de eso, faltaban a la escuela, porque en las ladrilleras, como es tiempo de lluvia, tenían que  
ir a tapar con carpas todo. (…) Venían al colegio justamente dos días a la semana, ¿para  
qué?, para mantenerse en el registro y recibir el bono. Era una realidad, porque en mi  
curso éramos 26, pero constantemente asistíamos 10 o 9. Los demás solo venían en fechas  
para entregar cuadernos y evaluaciones, y una vez que recibían el bono, lo abandonaban y  
24  
decían: “Ya, ¿para qué?”.  
En clave de síntesis, se ofrece a continuación una lectura integradora que reconoce  
el potencial articulador de ambas políticas cuando se las considera conjuntamente y en  
diálogo con el entramado institucional local:  
Esta política es interesante porque vincula a las familias, al sector municipal y al sector  
local; ahí hay una potencialidad mayor, incluso relacionada con la transformación de la  
matriz productiva. Sumados ambos componentes, se fortalece la política de permanencia  
25  
educativa y se traduce en una ruptura de las desigualdades.  
No obstante, advierte sobre el límite cualitativo del proceso, al subrayar que la  
expansión cuantitativa de la escolaridad no se ha traducido en una reducción equivalente  
de las brechas de calidad:  
Si bien hemos tenido más bachilleres, más chicos en las escuelas, más escuelas y más ítems,  
no hemos mejorado la educación dentro de esas aulas. La brecha entre educación pública y  
26  
privada, que es una de las más grandes de América Latina, se ha mantenido.  
Estas narrativas permiten sostener que las creencias atribuidas al BJP y a la ACE operan  
en una zona intermedia entre las desigualdades sociales y las educativas. No transforman  
las asimetrías estructurales que se originan fuera de la escuela, pero sí inciden, con matices,  
en la manera en que la institución educativa gestiona dichas desigualdades en su interior,  
favoreciendo la permanencia formal y la culminación administrativa de las trayectorias  
escolares.  
4. Discusión  
El estudio de Morales (1992) sobre la política económica de Bolivia tras la transición  
democrática ofrece un marco contextual indispensable para comprender el origen de las  
24 Entrevista a L. I., estudiante que cursa el 6.º semestre de la carrera de Ciencias de la Educación, 9 de diciembre  
de 2024.  
25 Entrevista a exviceministro de Educación Superior, 20 de diciembre de 2024.  
26 Ibid.  
-94-  
Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
políticas sociales bolivianas. Según este autor, dicha transición estuvo atravesada por una  
severa crisis económica que, paradójicamente, amenazó al propio sistema que intentaba  
consolidarse. La respuesta a esa crisis —materializada en la Nueva Política Económica—  
no obedeció únicamente a imperativos técnicos de estabilización, sino también al  
convencimiento de las élites políticas sobre la necesidad de un cambio estructural en el  
modelo de desarrollo y a las presiones ejercidas por la cooperación financiera internacional.  
Este origen condiciona el carácter de las reformas posteriores: si bien los avances en  
modernización económica fueron significativos, el autor advierte que el desarrollo social  
quedó como deuda pendiente, y que la sostenibilidad del modelo depende de la capacidad  
de los gobiernos para generar resultados concretos en materia de empleo, salarios y acceso a  
servicios. La advertencia que realiza Morales (1992) resuena con particular fuerza al analizar  
los programas como el BJP y la ACE, cuya legitimidad material, como se argumenta en  
esta discusión, también depende de su capacidad para traducirse en mejoras tangibles en  
las condiciones de vida de sus beneficiarios.  
Los hallazgos invitan a examinar críticamente los supuestos implícitos en buena parte  
del diseño de las transferencias condicionadas: la idea de que un incentivo monetario  
o alimentario es capaz, por sí mismo, de modificar decisiones familiares estructurales  
respecto de la escolaridad. La evidencia reconstruida muestra que, al menos en el caso  
boliviano, el BJP dejó progresivamente de operar como incentivo económico significativo  
—dada la erosión de su valor real y su reducción a menos del 1 % del salario mínimo  
anual— para configurarse como un dispositivo de reconocimiento institucional ex post.  
Esta transformación desplaza el eje analítico desde la lógica del capital humano propia de  
Fiszbein y Schady (2009) hacia una lectura más cercana a la que propone Dubet (2023)  
sobre las desigualdades múltiples.  
La distinción analítica entre desigualdades sociales y educativas propuesta por Benza  
y Kessler (2021) y sistematizada por Di Piero (2025) resulta particularmente útil para  
interpretar estos resultados. Las transferencias no inciden de manera directa sobre las  
asimetrías de origen —ingreso, mercado de trabajo, territorio, etnicidad, capital educativo  
del hogar— porque su diseño no incorpora criterios de diferenciación compensatoria.  
Sin embargo, sí intervienen parcialmente en la forma en que la escuela procesa esas  
desigualdades, al contribuir a estabilizar la matrícula y la culminación del año escolar. Ello  
encuentra respaldo empírico en Medinaceli y Mokrani (2010), quienes documentan que  
los hogares de menores ingresos concentran una proporción mayor de las transferencias  
debido a su mayor número de hijos —otorgando al programa un carácter progresivo que,  
aunque moderado, también se observa en otras políticas compensatorias como el Bono al  
Bachiller Destacado, Bono Juana Azurduy, Renta Dignidad, entre otros— y confirman  
estadísticamente que la recepción del bono incrementa la probabilidad de asistencia escolar,  
efecto que se potencia cuando concurren condiciones favorables como residencia urbana,  
alfabetización, mayor educación del jefe del hogar y ausencia de trabajo infantil. No  
obstante, los propios autores advierten que el valor real de la transferencia y sus criterios de  
focalización requieren revisión periódica para sostener incentivos efectivos a la permanencia  
escolar en el largo plazo, y señalan que la dependencia del financiamiento respecto de los  
ingresos por hidrocarburos representa tanto una oportunidad como una vulnerabilidad  
estructural: la sostenibilidad del programa no puede descansar exclusivamente en la renta  
-95-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
Identidades N°7  
petrolera sin avanzar, simultáneamente, en políticas que fortalezcan los ingresos autónomos  
de las familias y la coordinación institucional de la protección social.  
Un punto central es la distancia entre las creencias institucionales y las estudiantiles.  
Mientras el discurso oficial atribuye a estas políticas una función central en la reducción  
del abandono escolar, los relatos estudiantiles recuperados muestran que la continuidad  
escolar se sostiene fundamentalmente en el compromiso familiar, las aspiraciones personales  
y las condiciones mínimas de funcionamiento institucional. Dichos relatos revelan que  
el BJP resulta insuficiente frente a los costos escolares reales, o incluso instrumentalizado  
—como en el caso de las ladrilleras— para sostener un registro formal sin asistencia  
efectiva. Esta brecha es coherente con lo que Marco Navarro (2012) describe como usos  
diversos del recurso económico que no siempre se orientan a fines estrictamente escolares;  
los beneficiarios valoran el bono como un reconocimiento estatal sin que ello implique  
necesariamente destinarlo a gastos escolares.  
La convergencia entre los hallazgos del presente estudio y los de Marco Navarro  
(2012) no es casual: expresa una limitación estructural del programa; de esta forma resulta  
evidente que el monto transferido resulta insuficiente frente a los costos reales de la  
escolarización; que la exclusión del nivel inicial y de los grados superiores de secundaria  
—precisamente donde la deserción es más pronunciada y los gastos más elevados— reduce  
su alcance como política educativa. En conjunto, estos hallazgos refuerzan el argumento  
de que el BJP y la ACE operan con eficiencia operativa de cobertura casi universal, pero  
con insuficiencia material, lo que limita su capacidad para incidir estructuralmente sobre  
las desigualdades educativas que ambos programas formalmente se proponen reducir. Se  
ha confirmado, de esta manera, que la brecha entre formulación normativa y eficacia real  
no es un problema de gestión, sino de diseño.  
Las implicaciones de estos hallazgos invitan a superar las lecturas dicotómicas que  
oponen evaluaciones positivas y negativas de las transferencias, y a situarlas en su papel  
específico dentro de configuraciones más amplias de protección social, educación pública y  
economía política. Se cuestiona, asimismo, la pertinencia de mantener montos nominales  
invariables en contextos inflacionarios, debido a que erosiona silenciosamente la legitimidad  
material ambas políticas y se refuerza la importancia de analizar las políticas educativas  
no solo en su formulación normativa, sino en las mediaciones cotidianas que definen su  
eficacia real.  
En el plano práctico, los resultados sugieren al menos tres líneas de mejora. Primera,  
la actualización periódica del valor de las transferencias en función de la inflación y del  
salario mínimo, para evitar su conversión progresiva en beneficios simbólicos. Segunda, la  
incorporación de mecanismos de focalización complementaria que permitan intensificar el  
apoyo en poblaciones con trayectorias escolares más vulnerables, sin abandonar la cobertura  
universal. Tercera, la articulación sistemática entre transferencias y políticas pedagógicas  
orientadas a transformar las condiciones internas de la escolarización, especialmente en  
el nivel secundario.  
Entre las limitaciones del estudio, destaca su alcance territorial —restringido al  
municipio de Cochabamba— y el número acotado de cohortes analizadas, lo que invita  
-96-  
Identidades N°7  
Marcelo Arancibia Guzmán  
a leer los hallazgos como aportes interpretativos antes que como generalizaciones de alcance  
nacional.  
5. Conclusión  
El estudio permite sostener que las creencias atribuidas al BJP y a la ACE durante  
el período 2006-2019 se organizan en dos lógicas complementarias pero desiguales  
en su eficacia. La primera atribuye a estas políticas un rol significativo en la reducción  
de la pobreza y la desigualdad de ingresos; la evidencia muestra que, si bien su efecto  
redistributivo agregado es observable, resulta acotado y progresivamente erosionado por  
la invariancia nominal de las transferencias frente al crecimiento sostenido del salario  
mínimo y de la inflación acumulada. La segunda atribuye a estas políticas un papel central  
en el sostenimiento de las trayectorias escolares, particularmente en el nivel secundario;  
la evidencia muestra que el sistema educativo efectivamente logró estabilizar la matrícula  
y favorecer egresos oportunos, pero los estudiantes no identifican a estas políticas como  
factores decisivos de su continuidad.  
Respondiendo al objetivo propuesto, las creencias atribuidas operan como mediaciones  
simbólicas que legitiman la acción estatal en el campo educativo, encontrando su límite en  
la distancia entre el diseño institucional y la experiencia subjetiva de los destinatarios. El  
BJP y la ACE configuran, en su implementación efectiva, dispositivos de acompañamiento  
institucional y simbólico de la escolaridad, cuya capacidad redistributiva y transformadora  
depende de su articulación con políticas pedagógicas, salariales y territoriales más amplias.  
Las implicaciones generales del estudio apuntan a la necesidad de reformular las  
políticas compensatorias en clave de integralidad. No basta con garantizar cobertura; es  
preciso sostener el valor material de las transferencias, diferenciar su intensidad según las  
condiciones de origen, y articularlas con transformaciones pedagógicas que alteren las  
condiciones internas de la escolarización.  
Bibliografía  
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Cambios y persistencias después de la ola de gobiernos progresistas. Siglo XXI Editores.  
Di Piero, E. (2025). “Desigualdad socioeducativa: ¿Qué hay de social y qué de  
educativo? En busca de un aporte conceptual desde la sociología de la educación”. En  
Dubet, F. (2023). El nuevo régimen de las desigualdades solitarias: Qué hacer cuando  
la injusticia social se sufre como un problema individual. Siglo XXI Editores.  
Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (2008). El desayuno escolar en  
Bolivia: Diagnóstico de situación actual. FAM-Bolivia.  
Fiszbein, A., y Schady, N. (2009). Transferencias monetarias condicionadas:  
Reducción de la pobreza actual y futura. Banco Mundial.  
-97-  
Marcelo Arancibia Guzmán  
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Instituto Nacional de Estadística ([s. f.]a). Encuesta de hogares. Recuperado el 25 de  
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Instituto Nacional de Estadística ([s. f.]b). Índice de Precios al Consumidor (IPC),.  
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Marco Navarro, F. (2012). El Bono Juancito Pinto del Estado Plurinacional de  
Bolivia: Programas de transferencias monetarias e infancia. CEPAL.  
Medinaceli, M. y Mokrani, L. (2010). “Impacto de los bonos financiados con la  
renta petrolera”. Umbrales, (20), 223-263.  
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